Juan Pablo II, el único Papa que visitó la Argentina

Juan Pablo II, quien fue canonizado por Francisco en el 2014, llegó al corazón de los católicos argentinos porque fue el primero -y hasta ahora el único- Papa que visitó nuestra tierra. La primera vez, en 1982, días antes del fin de la Guerra de Malvinas. La segunda, en 1987, para las III Jornadas Mundiales de la Juventud, cuando llevó su mensaje a nueve ciudades del país.

Juan Pablo Ii, el hombre que nació en Polonia en 1920 con el nombre de Karol Józef Wojtyła y que se convertiría en 1978 en el pontífice número 264 en la historia de la Iglesia Católica Apostólica Romana, por siempre estará en el recuerdo de los argentinos: es el único Papa que vino a nuestro país, y lo hizo en dos ocasiones, en 1982 y en 1987.

El “¡Juan Pablo II,/ te quiere todo el mundo!” se hizo escuchar en ambas visitas que se sucedieron en circunstancias especialmente sensibles como lo fueron la Guerra de Malvinas y y, ya con la democracia recuperada, con la rebelión militar carapintada de Semana Santa que estaba en ciernes

1982: Las 31 horas que dieron esperanza en medio del dolor

Cuando el viernes 11 de junio, alrededor de las nueve de la la mañana de un día lluvioso, Juan Pablo II se inclinó para besar tierra argentina, estaba iniciando tal vez el viaje más atípico de su papado.

La diplomacia vaticana siempre se caracterizó por la estratégica planificación de sus acciones. Sin embargo, esta visita a una Argentina envuelta en una guerra sangrienta y desigual contra una de las potencias mundiales tuvo como objetivo el cese del fuego y se decidió precisamente en el Reino Unido, país que Juan Pablo II recorrió a principios de junio, en una gira prevista con mucha antelación. Es que si el Papa no llevaba personalmente también su mensaje de paz a los argentinos, sería una afrenta para Latinoamérica, la región más católica del planeta.

Desde su llegada a Ezeiza -donde lo recibió el presidente de facto, el general Leopoldo Fortunato Galtieri- hasta la Catedral Metropolitana Juan Pablo II fue aclamado por una multitud que esperanzada en el fin de la cruenta guerra, en plena coincidencia con el mensaje papal: “Per­mi­tidme que des­de es­te mo­men­to in­vo­que la paz de Cris­to so­bre to­das las víc­ti­mas, de am­bos ban­dos, del con­flic­to bé­li­co en­tre la Ar­gen­ti­na y Gran Bre­ta­ña; que mues­tre mi afec­tuo­sa cer­ca­nía a to­das las fa­mi­lias que llo­ran la pér­di­da de al­gún ser que­ri­do; que so­li­ci­te de los go­bier­nos y de la co­mu­ni­dad in­ter­na­cio­nal me­di­das ap­tas pa­ra evi­tar da­ños ma­yo­res, sa­nar las he­ri­das de la gue­rra y fa­ci­li­tar el res­ta­ble­ci­mien­to de los es­pa­cios de una paz jus­ta y du­ra­de­ra”.

En ese primer discurso, casi al pie del avión que lo traje al país, el pontífice expreso otras 38 veces la palabra Paz.

Al día siguiente, Corpus Cristi, Juan Pablo II ofició dos misas multitudinarias: la primera, a la mañana, en la basílica de Luján -viajó desde Morón en un vagón especial de la línea Sarmiento- y la segunda en un altar frente al Monumento de los Españoles, cerca del mediodía. Allí, frente a miles y miles de fieles -principalmente jóvenes-, el Papa dejó su último mensaje. (ver recuadro)

Cuatro horas después, partiría de Ezeiza hacia Rio de Janeiro, última escala de su imprevista gira sudamericana. Y dos días más tarde, el 14 de junio de 1982, las fuerzas militares argentinas capitularon ante los ingleses, en un enfrentamiento absurdo que dejó casi mil muertos entre ambos bandos, la mayoría, jóvenes compatriotas.

1987: Seis días de fiesta, de punta a punta del país

Esta vez , la nueva visita de Juan Pablo II (que entonces tenía 67 años) fue planeada hasta en su más mínimo detalle. En realidad, era el epílogo de una gira por Sudamérica que comenzó en Uruguay (Montevideo), cuatro días en Chile (Santiago, Valparaíso, Punta Arenas, Puerto Montt, Concepción, Temuco, Coquimbo y Antofagasta) y casi una semana en Argentina, en la que recorrió Buenos Aires, Bahía Blanca, Tucumán, Corrientes, Viedma, Mendoza, Córdoba, Salta, Paraná, Rosario y nuevamente en Buenos Aires, para cerrar la Jornada Mundial de la Juventud.

Cerca de las cuatro de la tarde del lunes 6 de abril, el avión de Lan Chile que traía desde Santiago a Juan Pablo II aterrizó en el aeroparque Jorge Newbery. El Papa, visiblemente resfriado, fue recibido al pie de la escalera del avión por el presidente Raúl Alfonsín y su esposa, María Lorenza Barrenechea.

“En mi primer saludo a la Iglesia en Argentina quiero expresar aquel mismo deseo con el que Jesucristo fortalecía los ánimos de sus discípulos durante la ultima Cena, al decirles: “La paz os dejo, mi paz os doy”, se dirigió a quienes le dieron la bienvenida”.

Más tarde, Juan Pablo II subió a uno de los papamóviles que lo llevó a la Nunciatura -donde se alojó- para luego ser recibido oficialmente por Alfonsín en la Casa Rosada.

En sus más de seis días en la Argentina, el Papa llevó su palabra a nueve ciudades, dirigió 26 mensajes pastorales, y bendijo a unos cinco millones de personas. En la no­che del sá­ba­do 11, encabezó el En­cuen­tro con los Jó­ve­nes y al día si­guien­te, Do­min­go de Ra­mos, pre­si­dió la III Jor­na­da Mun­dial de la Ju­ven­tud, con un altar inmenso en la Avenida 9 de Julio y Avenida Santa Fe, con una multitud -se arriesgo que hubo un millón de personas- que llegaba hasta Avenida de Mayo.

A las siete de la tarde, media hora antes de partir y desde el aeropuerto de Ezeiza, Juan Pablo II dejó sus últimas palabras de despedida. (ver recuadro).

Cuatro días después, el 16 de abril, jueves santo, la paz con la que nos bendijo el Papa se esfumó muy pronto, con el alzamiento carapintada de Semana Santa y la primera gran amenaza golpista tras la democracia recuperada en 1983.

Pero esa es otra historia.

 

 

 

 

 

 

 

Agencia : Télam

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